La región de los nonualcos ubicada en los departamentos de La Paz y San Vicente está formada por 19 municipios que comparten una riqueza histórica, cultural y natural. Su historia se remonta a los siglos XI o XII d.C., con la llegada de los pipiles al actual territorio de El Salvador. La tribu de los nonualcos habitó en el departamento de La Paz y en la parte sur del departamento de San Vicente, entre los ríos Jiboa y Lempa, siendo sus habitantes iniciales, guerreros.

Orígenes

El origen de estos grupos es muy antiguo, los profesores Dr. Santiago I. Barberena y Jorge Lardé sostienen que probablemente son anteriores a los grupos nahoas y mayas del territorio salvadoreño. Esto lo afirma Lardé y Larín: “No sabemos con entera certeza ni con verdad si los Nonualcos – tribu de los pipiles, establecida entre los ríos Jiboa y Lempa y entre el Chinchontepec y la llanura del Pacífico-, constituían o no un núcleo homogéneo nahoa preexistente a la emigración tolteca de la segunda mitad del siglo XI a. C., aunque es posible conjeturar, en vista de las vagas pruebas arqueológicas, que su existencia como núcleo civilizado en esa comarca es anterior a tal suceso.

Lo cierto del caso es, que, en el siglo XVI, existían en esa comarca siete pueblos Nonualcos: Zacatecoluca, el más importante de ellos y al parecer la capital; Analco, separado tan sólo por una barranca del anterior; Santiago, San Juan y San Pedro Nonualco; Santa María Ostuma, y Tecoluca, apellidada “La grande”.

Esos pueblos formaban una poderosa confederación que hacia el oeste estaba confinado con los mazahuas y hacia el este con los lencas. Lo que se desprende de muchas relaciones coloniales y las investigaciones arqueológicas, se infiere que los grupos nonualcos son de filiación pipil.

De esto se conjetura que su economía era agraria, por satisfacer sus necesidades, de modo principal, por medio de la agricultura; de ahí, que su religión fuera panteísta, con predominio de los dioses astrales, reguladores de las cosechas, tales como: Tonatiu (El sol), Quetzalcóatl (Venus), e Itzqueye (La luna).

Organización social y política

La organización social y política de los nonualcos era tribal, bajo un gobierno aristocrático, régimen familiar bajo la absoluta potestad paternal, con propiedad privada únicamente para los nobles, y propiedad comunal para los clanes o “calpulli”. Sus instrumentos de trabajo y técnica de la agricultura, muy primitivos, lo mismo que su industria, siendo muy posible que no hayan conocido la cerámica. Eran comunidades indígenas laboriosas y valientes, con suficientes recursos.

Para finales del siglo XVI se designa exclusivamente con el nombre de Nonualcos a Santiago, San Juan y San Pedro, figurando como núcleos separados Zacatecoluca, Ostuma y Tecoluca.

Líderes indígenas

Uno de los personajes históricos más reconocidos es Anastasio Aquino, líder indígena que encabezó la insurrección de los Nonualcos, levantamiento campesino que se dio durante la existencia de la República Federal de Centroamérica.

Fue en Santiago Nonualco donde se realizó el principal alzamiento a comienzos del año 1833 encabezado por el líder Aquino, quien a finales de enero logró reunir un ejército de proporciones suficientes para presentar batalla. Con sus tropas acantonadas en Zacatecoluca, Aquino decidió partir a la vecina San Vicente el día 14 de febrero.

De acuerdo a la tradición popular, se dirigió a la Iglesia de El Pilar y, después de quitarle la corona a la imagen de San José, se la colocó en su propia cabeza y se proclamó como Rey de los Nonualcos.

Batallas

Fue la mañana del 29 de febrero que se libró la batalla decisiva en Santiago Nonualco entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes, el Coronel J. López mandó un ataque general que dispersó a los insurrectos, pero no se logró la captura de Aquino. Para atraparlo, se propuso perdón a las vidas de quienes revelaran su paradero.

Una persona lo traicionó y fue capturado el 23 de abril, Aquino fue trasladado a Zacatecoluca donde fue juzgado y condenado a muerte. En la ciudad de San Vicente se ejecutó la pena por decapitación. La cabeza del insurrecto fue colocada en una jaula como una advertencia para los que quisieran generar una nueva insurrección.